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Masaje Infantil

El masaje infantil es el arte antiguo y profundo que ayuda al bebé a aceptar el mundo y a sonreir a la vida.

De todos los sentidos, el tacto es el primero que vive el feto en el interior del útero materno. Todos los centímetros de la piel del feto están en contacto constante con el medio que le rodea. La sensación del feto es de satisfacción y bienestar totales, al no tener ninguna necesidad que cubrir. Es un estado de equilibrio que se rompe en el momento del parto.

Esta transición es brusca u crea en el bebé un desequilibrio: de repente, surgen las necesidades de contacto, de alimento, de calor,…

Son sensaciones que desconoce: el hambre, el “desierto” de sensaciones desconocidas y constantes, la soledad. Nosotros somos los anfitriones que le invitamos a la vida exterior, y los encargados de recibir, acoger al bebé y nutrirlo con sensaciones y afectos que le hagan recobrar el equilibrio, la paz interior. Le ofrecemos continuidad a sus sensaciones de bienestar y armonía.

El tacto es el lenguaje con el que nos podemos comunicar con él, es nuestra manera de decirle “te quiero, estoy aquí, me entrego a ti”. Tocarle es acogerle, es crear un espacio de intimidad y entrega entre tú y yo. es tacto es acogimiento, siempre que esté impregnado de cuidado, afectividad y expectación.

El tacto nos comunica con el mundo exterior, nos ayuda a madurar nuestro sistema nervioso a través de la piel, las sensaciones de tacto contribuyen a construir nuestra identidad y a asentar nuestro compromiso interpersonal.

Todo ello contribuye a crear en el niño, y en futuro adulto, un espacio de recogimiento, un lugar confortable donde vivir su propia identidad de manera plena. De aquí parten unos sentimientos de autoestima y de autonomía. Estas primeras relaciones interpersonales son las que modelan y construyen las primeras estructuras cerebrales, que son la base de las futuras funciones mentales (el lenguaje, la cognición,…)

Frederick Leboyer, autor del libro Xantala, dice:

Para poder ayudar a los pequeños a traspasar el desierto de los primeros meses de vida, para que no sientan más la angustia de sentirse aislados, perdidos, les hemos de hablar a la espalda, les hemos de hablar a la piel, que tienen tanta sed y tanta hambre como el vientre. Los bebés necesitan leche, sí, pero todavía necesitan más ser amados, y recibir caricias”